El manejo de duelo por muerte post desaparición forzada
Teóricamente decimos que el cuerpo se habita y que al morir “nos vamos” de esta realidad, es decir ue somos concebidos culturalmente como una esencia viviente que trasciende al cuerpo. Esta omprensión antropológica nos pone en un lugar distinto al de las otras especies; que propone una existencia más allá del ser y estar. Al despedir a una persona que murió, asumimos que su cuerpo está vacío y ella seguirá existiendo en otro plano casi onírico, muy cercano a lo espiritual. Entender el cuerpo como ser totalitario, equivaldría a una perspectiva más absoluta, en la cual no hay posibilidades más allá del cuerpo físico. Si tomamos esta concepción de vida y muerte, se imposibilita la interacción con la persona que murió. Con lo anterior tenemos dos formas de comprender la muerte; una como trascendente y otra como fi n absoluto de la existencia.
En este punto, la pregunta medular sería ¿Por qué es necesaria la presencia de un cuerpo inerte en los rituales funerarios, si el ser ya no habita en él?; Será por que es la prueba que precisa que la historia de esa persona ha terminado. Además de ser la última posibilidad de conexión entre esa persona y sus seres queridos.
CUANDO NO HAY UN CUERPO DEL CUAL DESPEDIRSE
Por otra parte, cuando no hay cuerpo, la ambivalencia se hace presente, entre la esperanza y desesperanza; en el caso de la desaparición forzada existe culpa que no permite la elaboración de una despedida y que pretende prolongar una búsqueda de ese cuerpo como manifi esto del amor.
Nada está más presente que un desaparecido
Así resuena la voz de las buscadoras, aquellas mujeres que han dedicado gran parte de su vida a la búsqueda por desaparición forzada de sus padres, madres, hijas, hijos, hermanas, hermanos. Se presenta un dolor y sufrimiento que no se ubica concretamente en un lugar del cuerpo, de la mente o del alma; es la ambivalencia misma de un sentir que algo fue arrancado de manera abrupta.
La desaparición forzada abre en canal una herida en quienes se quedan buscando, es un fenómeno que modifi ca su forma de vivir, sentir y creer. Las personas más resilientes buscan maneras simbólicas de despedir a los suyos, se mueven en la ambivalencia entre la búsqueda y la resignación a decir adiós sin tener a quien rendirle un homenaje funerario. Asimismo, es lograr procesar la ausencia del ser querido de acuerdo a su cosmogonía y creencia espiritual.
¿QUÉ SE HACE CON LA ESPERANZA, CULPA, AMOR, DOLOR, FRUSTRACIÓN?
Será necesario darle un sentido distinto a cada uno de los recuerdos, cerrar los ojos y construir con ayuda de la mente, corazón y alma un fi nal para esa historia de vida, uno que logre unir la vivencia del desaparecido y por supuesto de quién se quedó esperándole, buscándole y resignifi cando su existencia. En este caso, hay un proceso de duelo silenciado, uno que no es validado por el contexto, pues se asume que al no estar la presencia corpórea se deja de amar, lo cual es contrario, el amor crece con la ausencia de quién no se fue por voluntad propia.
LOS COLECTIVOS: UNA OPCIÓN PARA EL PROCESO DE DUELO
La elaboración del duelo no será normativa, pues la pérdida fue violenta física, emocional y simbólicamente; lo anterior nos deja ante un proceso intrincado, que pone a las personas en ansiedad ante elementos judiciales, investigaciones, dudas, cuestionamientos y por supuesto la cotidianeidad que también se pierde. Lo anterior solo se puede atravesar en lo colectivo, con quiénes estén viviendo el mismo tipo de pérdida: “Las buscadoras”, ese grupo que brinda validación, apoyo emocional, herramientas de vida para manejo de la duda, ansiedad y desesperanza.
Un camino para la vinculación con el desaparecido y continuar con el duelo suspendido, es la conexión con los vestigios tangibles, los cuales se utilizan en ritos de despedida, actos de amor y compañía. Es crear un espacio que sea usado para relacionarse con el ser amado, un lugar de encuentro, oración y trascendencia. Lo anterior nos brinda la posibilidad de habitar la memoria personal y colectiva, es elaborar un relato que reconstruya y resignifi que el duelo por desaparición forzada.

Será necesario darle un sentido distinto a cada uno de los recuerdos, cerrar los ojos y construir con ayuda de la mente, corazón y alma un fi nal para esa historia de vida, uno que logre unir la vivencia del desaparecido
y por supuesto de quién se quedó esperándole, buscándole y resignifi cando su existencia.”
Honrar la memoria de los desaparecidos de manera individual y colectiva será el puente en el cual sopesar el duelo; es abrir un camino de dignidad, humanidad, calidez y solemnidad en una vivencia violenta. Y por supuesto lograr la fuerza para continuar viviendo, sabiendo que alguien está ausente, no es resignarse, es darse permiso de vivir.
ACEPTANDO LA REALIDAD
En este tipo de duelo no se restituye lo se que arrebató, se reúnen las piezas de quiénes quedan suspendidos en entre el dolor y la esperanza. La vida como continuidad requiere sobreponerse, aceptar, es el llorando y avanzando. No será el olvido lo que brinde consuelo, será la aceptación de esa realidad que se modifi có por una desaparición forzada de un ser amado. Es tratar de evitar el trauma, es un hecho colectivo que se afronta en privado y en público.
Un proceso de duelo por desaparición forzada requiere la creatividad para encontrar nuevas formas de vivir, de amar y reconstruir la cotidianeidad. No se puede terminar el fenómeno violento, pero se puede tomar con dignidad el hecho de que uno de los amados fue arrancado de su casa. Las posibilidades necesitan una transformación de las formas de habitar el cuerpo y devolverle a este la sacralidad como si de un templo se tratase para ser empáticos con el otro. Es necesaria una metodología de la vida, una propuesta tan creativa que irrumpa en las realidades de desaparición forzada.
Aceptar la integralidad del ser humano ante un fenómeno violento, es reconocer y validar el amor profundo de los dolientes ante la realidad de la desaparición forzada; es un proceso de duelo que se elabora desde la recuperación de la intimidad y la dignidad. GM
El duelo por desaparición forzada es un proceso distinto y profundo: no se trata de olvidar, sino de encontrar nuevas formas de recordar, resignificar y mantener viva la memoria de quienes fueron arrancados de nuestro lado. Los homenajes, los espacios simbólicos y la fuerza colectiva de quienes buscan, son actos de dignidad y amor que permiten continuar viviendo sin renunciar a la esperanza.
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